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29/05/2007

MI PRIMER DÍA

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En esta vida ante todo hay que ser valiente. Pues bien, para mi este es un acto de valentía, de desnudamiento. Estoy feliz porque lo he conseguido, he abierto mi blog.

Hace muchos años, cuando mi perspectiva del mundo hacia que aun dibujara a las personas con piernas enormes y cabezas chiquititas, sucedió algo muy curioso. Llegue al estudio de mi abuelo, un lugar mágico, que olía a óleos y aguarras, lleno de caos artístico y genialidad. Alli había un cuarto donde él guardaba los cuadros que ya estaban terminados y no se debía entrar, pero como corresponde a la osadía de un niño yo entré y lo vi por primera vez. A mis cinco años aquel cuadro que me superaba en altura me pareció el infinito, un bosque gris lleno de tulipanes blancos. No podía dejar de mirarlo y de sentir frío. Cuando mi abuelo me descubrió inmóvil frente a su obra no me regañó, sino que por alguna extraña razón se sintió halagado. Ese cuadro no se vendió, nunca. Lo pedí mil y una veces pero era demasiado pequeña al principio y demasiado joven después para tenerlo. Más tarde me regaló otros lienzos pero nunca los tulipanes. Hace cuatro años me reencontré con el cuadro, una de mis tías, la pequeña lo había pedido como regalo de bodas. Lo que yo no sabía era que ella también lo había perseguido, rezando en cada exposición para que no se vendiera. Sin duda me ganaba por antigüedad y acepté la derrota.

Cuando lo vi colgado en su salón me sentí triste porque lo había perdido después de veinte años.

El día siete de agosto de 2006 mi abuela me llamó porque quería darme el regalo de cumpleaños. Me había guardado unos pendientes de perlas, como de muñeca, unos pendientes suyos que me encantaron. Me los puse enseguida y le agradecí mucho. Ella no esperaba aquella reacción tan efusiva y me paró rápido,  "no, no hija, ese no es tu regalo de verdad". En ese momento, con dificultad mi abuelo salió de su estudio, que la edad le obliga a tener en casa, con un paquete enorme, casi igual de alto que yo. Lo abrí sin saber lo que contenía, un paisaje, una imagen abstracta. Y de pronto lo vi, después de veinte años de espera. Era igual pero distinto, me había vuelto a pintar mis tulipanes que ya no eran blancos sino violetas y que no se suspendían en un bosque gris sino verde. Debo reconocer que lloré y que me pareció más bonito que el original porque esté era para mí, pensado en mi, en mis colores.

Mi abuelo, tan frío a veces, tan lejano, me regaló aquel acto de amor en mi vigesimoquinto cumpleaños.

Creo que si hoy escribo es en parte gracias a él, a su arte y a su valentía.

29/05/2007 18:18 Autor: Noemi Benito. Enlace permanente. Tema: Recuerdos Hay 4 comentarios.

31/05/2007

LO CONFIESO TENGO PERRO

20070702140627-reini.jpgSi amigos, tengo un perro, bueno una perrita que pesa 2kg y que más que un perro parece una ratilla. Cuando decidí que necesitaba un perro en mi vida no lo pensé bien, sólo quería un ser que siempre estuviera contento al verme llegar a casa, que me esperara cada día y que llenara esos espacios solitarios. La verdad es que cuando quiero algo lo quiero ya y puedo ser muy persuasiva. Pobre Borja, uso todos sus argumentos para convencerme de que no podíamos tener un perro en una casa de sesenta metros, que era una responsabilidad enorme, que... Le oí pero no le escuché, es más le gané por la pena sin tener que hablar. Estaba desesperada, problemas de trabajo, la recta final de su oposición y las largas horas de espera solitaria en casa. Pensé que un perro nos ayudaría muchísimo a los dos.Soy pesada e insistente y cuando quiero algo lo quiero ya. Se lo dije a todo el mundo, estaba buscando un  perro tamaño piso y me daba igual que fuera un cachorro. Fui a las perreras que estaban en los alrededores, pero los perros pequeños estaban perdidos y tenían microchip. Y entonces un viernes me llamó mi suegro y me dijo: "tienes a tu perro aquí". Yo pensé que estaba bromeando, pero no allí en su trabajo tenía a mi perro. Cogí el coche y me fui a los chinos a comprar una caja para el perrito. Compre la caja de cartón más bonita que encontré, porque mi perro no iba a tener una caja de la basura, faltaría más. Llegué a el estudio donde trabajan mi suegro y mis cuñados emocionada. Abrieron la puerta y lo primero que me dijeron es que a lo mejor no era lo que esperaba.Cuando la vi he de reconocer que me decepcionó un poco. Estaba demasiado sucia, con el pelo mal cortado y no me dejaba acercarme a ella. Estaba tan asustada, temblaba y escondía la cabeza para evitar que la miráramos a los ojos. Reina de Jeveva, así se llama mi perra, tenía ya mucha historia. Me la regalaba su criador porque las dos últimas camada que había parido habían nacido muertas. Me dieron esa información mientras yo la miraba incrédula, era tan pequeña que no podía creer que tuviera casi cinco años. La decepción desapareció rápidamente dejando paso a una mezcla de alegría y pena. Conseguí cogerla mientras se deshacía en temblores y llevarla al veterinario, que la examinó pensando que era un cachorro y dándome recomendaciones que no no han servido para nada.Llegó a casa aquella noche, Borja sintió una decepción mucho mayor que la mía, y eso que ya estaba limpia. La envolví en un jersey que olía a mi y no se movió de allí en varios días, únicamente abandonaba su refugio para comer y beber. Todo le daba miedo, nosotros, la casa el mundo. Vivía de sobresalto en sobresalto incapaz de relacionarse. Había vivido siempre en un patio de veinte metros, compartido con otros doce perros y con la única expectativa de criar. No la habían hecho caricias, nadie le había dado comida en su mano, nadie le había demostrado el más mínimo cariño. Se hacía sus necesidades por toda la casa y huía de nosotros despavorida.Pero Reina no sabía lo pesada que puedo llegar a ser. Mi único propósito en aquellos días fue mimarla, enseñarle lo que es el cariño. Poco a poco me fue conociendo y necesitando. Fue mágico, en esos días sólo pensaba en ella, todos los demás problemas se convirtieron en algo secundario, ella me necesitaba más.Pero para Borja fue más duro, le ponía nervioso, estaba agobiado por su examen físico, y no lo pudo soportar. Después de una semana, entre lágrimas la llevamos a casa de sus padres hasta que el terminara. Todos los días íbamos a verla y sorprendentemente me esperaba. No se movía en todo el día de su colchón, pero cuando yo llegaba saltaba, me lamía y se encaramaba a mis piernas para que la cogiera. Aquel momento era uno de los mejores del día, sin duda.Quisieron devolverla, el problema de socialización era tan grande que no tenía conductas normales de su especie. Me negué con todas mis fuerzas, ya era mía, ya había sufrido suficiente y sólo necesitaba tiempo.Borja terminó sus pruebas y algo receloso fue a recogerla. Y si, no era la perra lo que había provocado sus ansiedades. Cuando lo comprobó fue un alivio para los dos.Y desde entonces somos tres en la familia. Han pasado varios meses y Reina ha aprendido muchas cosas, que no la vamos a abandonar, que siempre tiene comida en su plato y nadie se la va a quitar, que los paseos son buenos, que no todo lo que le rodea es el enemigo y que la queremos. Ahora cada vez que llegamos a casa nos recibe feliz haciendo cabriolas y nos da lametones en la piernas o en las manos. Y me persigue, allá donde voy ella detrás, siempre a dos pasos de mi, fiel. No, no es una perra normal, aun no sabe jugar, aun no responde a nuestras órdenes, ni nos levanta la patita. No nos importa porque Reina nos ha regalado algo muchas cosas, los paseos, su cariño y lo más importante una preocupación. Es increíble  la felicidad que aporta el preocuparse por otra cosa que no sea uno mismo.

 

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31/05/2007 21:37 Autor: Noemi Benito. Enlace permanente. Tema: Ahogos y dehahogos No hay comentarios. Comentar.


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