MI PRIMER DÍA

En esta vida ante todo hay que ser valiente. Pues bien, para mi este es un acto de valentía, de desnudamiento. Estoy feliz porque lo he conseguido, he abierto mi blog.
Hace muchos años, cuando mi perspectiva del mundo hacia que aun dibujara a las personas con piernas enormes y cabezas chiquititas, sucedió algo muy curioso. Llegue al estudio de mi abuelo, un lugar mágico, que olía a óleos y aguarras, lleno de caos artístico y genialidad. Alli había un cuarto donde él guardaba los cuadros que ya estaban terminados y no se debía entrar, pero como corresponde a la osadía de un niño yo entré y lo vi por primera vez. A mis cinco años aquel cuadro que me superaba en altura me pareció el infinito, un bosque gris lleno de tulipanes blancos. No podía dejar de mirarlo y de sentir frío. Cuando mi abuelo me descubrió inmóvil frente a su obra no me regañó, sino que por alguna extraña razón se sintió halagado. Ese cuadro no se vendió, nunca. Lo pedí mil y una veces pero era demasiado pequeña al principio y demasiado joven después para tenerlo. Más tarde me regaló otros lienzos pero nunca los tulipanes. Hace cuatro años me reencontré con el cuadro, una de mis tías, la pequeña lo había pedido como regalo de bodas. Lo que yo no sabía era que ella también lo había perseguido, rezando en cada exposición para que no se vendiera. Sin duda me ganaba por antigüedad y acepté la derrota.
Cuando lo vi colgado en su salón me sentí triste porque lo había perdido después de veinte años.
El día siete de agosto de 2006 mi abuela me llamó porque quería darme el regalo de cumpleaños. Me había guardado unos pendientes de perlas, como de muñeca, unos pendientes suyos que me encantaron. Me los puse enseguida y le agradecí mucho. Ella no esperaba aquella reacción tan efusiva y me paró rápido, "no, no hija, ese no es tu regalo de verdad". En ese momento, con dificultad mi abuelo salió de su estudio, que la edad le obliga a tener en casa, con un paquete enorme, casi igual de alto que yo. Lo abrí sin saber lo que contenía, un paisaje, una imagen abstracta. Y de pronto lo vi, después de veinte años de espera. Era igual pero distinto, me había vuelto a pintar mis tulipanes que ya no eran blancos sino violetas y que no se suspendían en un bosque gris sino verde. Debo reconocer que lloré y que me pareció más bonito que el original porque esté era para mí, pensado en mi, en mis colores.
Mi abuelo, tan frío a veces, tan lejano, me regaló aquel acto de amor en mi vigesimoquinto cumpleaños.
Creo que si hoy escribo es en parte gracias a él, a su arte y a su valentía.
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Autor: Aritzne
Fecha: 03/06/2007 12:25.
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Autor: Vivian
Fecha: 05/06/2007 11:36.

